27.06.03.
Sahagún - León. Total
distancia recorrida: 58 kms.
¿Qué cómo va mi ojo? Mejor,
gracias; aunque aún sigue bastante chungo. Fíjate cómo
sería la picadura que aún bastante tiempo después
de llegar a Granada, habiendo concluido nuestra aventura, tenía
molestias que desaparecieron casi en el mes de octubre. Lo bueno o
lo malo del tratamiento con los antihistamínicos es que yo
soy bastante sensible a ellos y aunque se dice que los modernos no
producen somnolencia, a mí me dejaban absolutamente colocada
e iba pedaleando con una quietud por la que José Mª no
dejaba de dar gracias al Cielo: ¡qué niña más
buena¡ ... calladita, modosita, tranquilaaaaa, .... En fin,
cría esposos.
Menos mal que lo que nos va a tocar hoy, en gran
medida, será una travesía realmente austera por el páramo
castellano; eterna planicie sin grandes esfuerzos, en donde las piernas
se disparan solas y haces kilómetros y kilómetros casi
sin darte cuenta, porque con el atontamiento que me acompaña
.... Ojo con asegurar un adecuado aprovisionamiento de agua en la
época calurosa durante toda esta etapa.
Salimos de Sahagún
bien temprano, como es habitual, y a los 2 kms (más o menos)
nos encontramos con una cruz que supone el inicio del monótono
y cómodo andadero que no abandonaremos hasta
Reliegos (algo más de 30 kms de andadero). Un poco más
adelante, antes de llegar a Bercianos,
pasamos por delante de la Ermita de Nuestra
Sra. De Perales, situada junto a un área de descanso.
Entre el Burgo Ranero
y Reliegos seguimos encontrando pequeñas
áreas de descanso provistas de bancos para los caminantes.
Continúa la eterna planicie donde la monotonía sólo
se rompe por el cruce de la vía férrea.
Pronto aterrizamos en Mansilla
de las Mulas, en donde tenía su posada la Pícara
Justina, obra de la picaresca española del siglo XVI. Se sale
de la localidad por el antiguo puente de piedra
sobre el río Esla.
A partir de aquí se inicia un tramo hasta
llegar a León que a los dos se nos hizo insufrible (es uno
de los tramos más horrorosos de todo el Camino). Se trata de
un recorrido con bastante dosis de asfalto obligado (el Camino se
alía con la N-601), malísima señalización
(nos confundimos en varias ocasiones, cosa bastante inusual cuando
vas haciendo el Camino gracias a las entrañables flechas amarillas)
y con un tráfico rodado que te cagas. Aún sigo sin comprender
cómo la Comunidad de Castilla-León no ha buscado un
trazado alternativo por un paraje mucho más alentador (seguro
que es posible).
|
|
 |
Puente de Villarente
es una larga área de servicios con restaurantes, hostales y
gasolineras, a lo largo de la N-601 que soporta un tráfico
intensísimo. Ni que decir tiene que en lo único que
piensas es en salir de allí lo más rápidamente
posible. No obstante, vimos que una pareja con una furgoneta se había
puesto en el margen de la carretera vendiendo cerezas. Tenían
una pinta alucinante (las cerezas, claro está) y no dudamos
en comprar 1 kg, del que dimos buena cuenta antes de llegar a León.
Si no recuerdo mal, es en Valdelafuente donde se
comentaba que había un barecillo donde ponían una tortilla
de patatas con acompañamiento que se te hacía la boca
agua. Estuvimos dudando si detenernos o no, a pesar de que nos habíamos
metido una mano de cerezas que hasta allí; pero no importa,
apetito siempre tienes. Lo que pasa es que nos esperaba, justo inmediatamente
después, el Alto del Portillo
con su consabida cuestecica. Luego nos alegramos al ver y oir a la
gente cómo en la subida se le venían a la boca la tortillica,
el choricillo, la morcillica, los pimientos, ...; en fin todo muy
digestivo; de lo que no te da flato.
Llegamos a León
excesivamente temprano; creo que no eran ni las 12 del mediodía;
hubiéramos podido seguir, pero había un motivo de fuerza
mayor para quedarnos: nos dimos cuenta de que llevábamos los
frenos absolutamente desgastados; era urgente reponerlos, ya que nos
esperaban unas bajadas bastante considerables, en las que el buen
estado de los mismos se hace imprescindible. Cerca del refugio hay
un establecimiento de bicis (ya lo visitamos en la edición
anterior) y fuimos rápidamente ya que, además, León
estaba en fiestas y el horario comercial era reducido.
|
|
 |
No obstante, existían más razones
para quedarnos y es en este punto donde me gustaría hacer una
reflexión que me parece importante: Hay gente (me refiero a
los bicicleteros), que se plantea hacer la Ruta Jacobea con el objetivo
de recorrer el mayor número de kilómetros posible y
empleando el menor tiempo que se pueda. Y es más, se establecen
como pugnas por ver quién se cuelga la medalla más grande.
Yo creo que si lo que quieres es hacer kms y kms, pues te buscas unos
circuitillos cerquita de donde vives y ... !!! to tieso con la boca
abierta ¡¡¡ También estamos de acuerdo con
el hecho de que no todo el mundo dispone de 15 o 20 días seguidos
para lapidárselos. Pues bien, si dispones de menos tiempo,
pues te planteas no hacerlo entero sino por partes; este año
un tramo y al año siguiente Dios dirá. Pero lo que hagas
merece la pena hacerlo disfrutando, sin prisas. Además, muchas
veces te ves obligado a parar por distintas circunstancias, totalmente
ajenas a tu voluntad; y esto hay que tenerlo siempre en cuenta. Cuando
llegamos a León, al refugio, e hicimos el comentario de la
posibilidad de seguir (sin habernos dado cuenta de cómo iban
los frenos), los muchachos hospitaleros nos animaban a quedarnos,
a hacer un alto en el camino y disfrutar con una de las ciudades más
emblemáticas de la ruta que, para colmo, celebraba su fiesta
mayor.
