22.06.03. Estella – Logroño Total distancia
recorrida: 50 kms.
Es domingo, día del Corpus. Son las 5 de la mañana
y uno de los hospitaleros del refugio de Estella
entra donde estamos todo el mundo durmiendo como lirones y … “buenos
días, buenos días, …, todo el mundo arriba”; al mismo tiempo comenzaba
a escucharse una cancioncilla típica navarra. Comenzamos una nueva
jornada. El refugio del peregrino en Estella, fenomenal. En plena
Rúa de Curtidores (casco antiguo de la localidad), se ha ampliado
bastante, respecto a la vez anterior que lo utilizamos. Está limpio;
se está cómodo; tiene derecho a cocina; dispone de comedor y sirven
desayunos por la mañana (no me acuerdo de lo que cobran por desayuno),
aunque nosotros seguimos nuestra norma de autoabastecernos con lo
que compramos el día anterior (nos tomamos unos desayunos de escándalo,
ya que la comida quedará lejos). A las 7.30 de la mañana comenzábamos
a pedalear en dirección al Monasterio de Irache.
Un poco antes de llegar pasamos por la famosa
Fuente del Vino, también en Irache. Esta fuente, por un caño
da agua y, por el otro, vino, recuperando así la tradición medieval
de no negarle a ningún peregrino un trozo de pan y un vaso de vino
(el pan lo pones tú). Como no era hora de beber la reparadora bebida,
llenamos una botellita pequeña y la reservamos para beberla cuando
comiéramos en Logroño (así lo hicimos). Seguimos en dirección a Azqueta
por un camino entre encinas y después viñedos. Un poco antes de llegar
encontramos un aljibe medieval del siglo XIII, restaurado. Los vecinos
lo conocen como Fuente de los Moros.
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En nuestro recorrido pasamos por la fachada de
un cementerio y José Mª me dice: “Mira lo que está escrito en la puerta”;
y leo la frase siguiente: “Yo he sido lo que tú eres; tú serás lo
que yo soy”. Anda con la inscripción; ya tenemos en qué meditar lo
que nos queda de camino. Después de dejar Villamayor
de Monjardín, seguimos un maravilloso carril de tierra que,
por un paraje absolutamente solitario, nos dejará en Los
Arcos. Al llegar a Los Arcos, las calles del pueblo se encontraban
vestidas de fiesta; iba a pasar la procesión del Corpus. En una panadería
de su estrecha y fresca calle principal hacemos un pequeño repuesto
(la boca se te hace agua cuando ves las delicias que hay en la panadería).
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Reponemos agua en una de sus maravillosas fuentes
y seguimos camino. Desde Sansol a Viana
se hace necesario tomar la carretera, ya que el camino se introduce
en un barranco y pega un vueltón agotador e innecesario. Incluso muchos
peregrinos a pié optan por el asfalto. Hay que entrar en el casco
urbano de Viana; no conviene perdérselo. Dejamos Viana tomando de
nuevo una pista de tierra. Logroño no está lejos. Antes de llegar
a Logroño volvemos a pasar por la casa
de la Sra. Felisa. Llegamos al cobertizo que da sombra a la mesa con
el cuaderno de firmas y el sello para la credencial y nos recibe una
mujer que, evidentemente no es Felisa, ya que es bastante más joven.
Preguntamos por ella. Esta mujer es la hija de Felisa y nos dice que
su madre falleció en el mes de octubre pasado. Felisa tenía la costumbre
de recibir a los peregrinos con higos recién cogidos (si era el tiempo
del higo, naturalmente) y agua fresca; te ponía tu sello en la credencial
y firmabas en el libro que tenía en su mesa. Felisa tenía más de ochenta
años cuando la conocimos hace cuatro años. Fue un acierto hacernos
unas fotos con ella en aquél momento, ya que esta agüelilla se ha
convertido en una figura histórica del Camino. Nos dijo la hija que
hasta el día anterior al que murió, estuvo recibiendo peregrinos.
Hablamos un ratico con la hija de Felisa. Nos comemos unos cacahuetes
que nos ofrece (aún no es tiempo de higos), nos sella la credencial,
firmamos en el libro, bebemos agua y bajamos a Logroño.
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