21.06.03. Cizur Menor-Estella. 53 kms.
El albergue de Maribel Roncal nos permitió pasar
una buena noche, durmiendo como lirones. Se trata de una edificación
bastante antigua, adosada a la vivienda particular de la hospitalera
(dicha vivienda, por cierto, es alucinante de bonita). Dormimos en
una dependencia fresquita (la jornada había sido bastante calurosa)
y no nos molestaron demasiado los ronquidos de los colegas. Lo mejor
de todo es cuando extiendes tu saco de dormir, lo abres y te cuelas
en el sobre limpito, oliendo a gloria (aunque el colchón esté como
Dios quiera). Tienes posibilidad de disponer de cocina y para la ducha
no tuvimos escasez de agua caliente. El único problemilla que le encontré
al albergue es que, para mi gusto, no estaba demasiado limpio.
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Cizur Menor es una
pequeña localidad donde no hay ninguna tienda de comestibles, por
lo que tuvimos que coger el camino y, después de una buenísima ducha,
trasponer hasta Cizur Mayor, que se encuentra a unos 2 kms y algo.
Fuimos andando con bastante calor, hicimos la compra y regresamos.
Total que, por si no habíamos tenido bastante con el día, nos chupamos
unos 5 kilometrillos andando y cargados con los víveres de la comida
y el desayuno del día siguiente (pa relajar piernas, vamos). Ni que
decir tiene que íbamos ya con un hambre canina. A las 10 de la noche
todo el mundo al catre. Al día siguiente, al emprender el camino,
descartamos seguir el itinerario que te lleva hasta el Alto del Perdón.
Maribel Roncal nos animó a seguir otro recorrido ya que, los que van
caminando tienen una bajada desde el Alto bastante problemática (muy
pendiente y con mucha piedra suelta), así que los que vamos con bicicleta
con alforjas... Ella nos dijo: “habéis venido a hacer El Camino y
a disfrutar; no debéis de poneros en peligro de forma innecesaria,
así que me hacéis caso y os vais por donde os indico”. Y así lo hicimos,
como unos chicos obedientes. Hay que decir que la vez anterior tampoco
subimos al Alto del Perdón, pero fue porque nos perdimos y aparecimos
en el quinto pino, pegando un vueltón de 2000 pares de narices.
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Seguimos el siguiente itinerario: desde Cizur
Menor – Esparza – Arlegui – Subiza – Biurrun – Ucar, todo por
pistas de tierra, salvo un poquito de asfalto. Por cierto, desde Esparza
hay pista de tierra que comunica con Arlegui. Cuando la estábamos
tratando de localizar, preguntamos a un lugareño, quién nos indicó
por dónde había que cogerla, pero nos dijo: “Tened cuidado con los
putos perros del pastor; el otro día le mordieron a unos que bajaban
del monte”. No necesitamos nada más; olvidamos la pista de tierra,
cogimos el asfalto y dejamos lo más lejos posible a los putos perros
del pastor (bonico es José Mª pa los perros).
Entre Enériz y
Puente la Reina se localiza uno de los elementos más bonitos,
misteriosos y de más carga simbólica que se encuentran en el Camino:
la ermita de Santa María de Eunate, construida
por los caballeros templarios en el s.XII (Eunate: cien puertas en
euskera) (si hubiéramos subido al Perdón, nos la hubiéramos perdido,
así que nos alegramos mucho de haberle hecho caso a Maribel).
En Puente la Reina es obligado visitar
la iglesia del Crucifijo (también templaria), donde se encuentra un
Cristo en Y, donado hace muchos siglos por un peregrino germano. El
hospitalero del refugio de Puente la Reina (donde sellamos nuestra
credencial), nos aconsejó que, hasta llegar a Estella, no hiciéramos
algunos tramos por el camino, sino que cogiéramos la carretera nacional.
En nuestro afán de no pisar carretera, no le hicimos caso … y pasamos
uno de los peores ratos de todo el recorrido, especialmente en el
tramo antes de llegar a Mañeru (Dios,
que agobio).
Por fin, Estella, donde “el pan es bueno,
el vino excelente, la carne y el pescado abundante y rebosa de todas
las delicias”. Es una de mis ciudades preferidas. De sus muchos monumentos,
destaca la iglesia de San Pedro de la Rúa,
con un claustro alucinante. Hay que procurar dejar de pedalear a buena
hora porque, entre otras cosas (comer, por Dios, comer), hay que adecentarse
y hacer un poquito de turismo. Si no … ¿a qué viene uno?.
Para mí, personalmente, hacer El Camino tiene un sentido religioso.
Por tanto, procuro celebrar la Eucaristía todas las tardes en la localidad
donde nos encontramos ese día, buscando alguna iglesia especialmente
bonita donde dar gracias a Dios por todo lo que nos ha dado durante
la jornada. Ninguna incidencia que comentar.
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