01.07.03.
Samos - Melide. Total
distancia recorrida: 80 kms.
En el monasterio de Samos descansamos
genial; la verdad es que el día anterior había sido
duro. En cuanto nos despertamos, lo primero que hicimos fue echar
un vistazo al cielo. Afortunadamente no llovía; se alternaban
los nubarrones con algunos claros (bueno, algo es algo). Antes de
salir estuvimos hablando un poco con los hospitaleros y les preguntamos
cómo veían ellos el tema: si seguir por la carretera
o arriesgarnos por el trazado del Camino. Nos dijeron que viendo la
lluvia torrencial del día anterior, lo mejor era seguir por
carretera, ya que había bastante riesgo de embarre con la bici
al pasar por las corredoiras. En fin, que enfilamos la carretera LU-634
en dirección a Sarria (unos 11
kms, aproximadamente). Cuando llegamos a esta localidad, nos encontramos
con el mismo problema: estuvimos preguntando a la gente y todos nos
aconsejaban que no nos metiéramos con las bicicletas en el
trazado del Camino. Además, de nuevo comenzaba a llover.
Cuando hicimos el Camino en el
año 1999, tuvimos la gran suerte de no tener nada de lluvia.
Cuando llegamos a Sarria, es que no nos lo pensamos: nos dirigimos
a Portomarín adentrándonos
en la vega del río Sarria y en el valle del río Miño;
son unos 22 kms de auténtico rompepiernas (Galicia es un continuo
sube y baja), pero disfrutando de unos parajes de auténtica
originalidad; rodamos por un conjunto de caminos, pistas, corredoiras,
sendas y alguna que otra carreterilla asfaltada, con la ayuda de nuestras
inseparables flechas amarillas, hasta que llegamos a Portomarín.
Ahora bien, este itinerario presenta numerosos tramos de difícil
tránsito para la bicicleta: casi todas las corredoiras son
de firme bastante accidentado, embarrado y resbaladizo. Otro tema
es que si por desgracia tienes algún problema, las aldeas por
donde pasas no ofrecen prácticamente ningún servicio
(no ves ni a gente por las calles), salvo alguna honrosa excepción.
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Junto al factor climatológico,
se nos unía otra adversidad: durante esta jornada teníamos
que cubrir 80 kms. y esta distancia es difícil hacerla si ruedas
exclusivamente por el itinerario de a pié. Las prisas no son
buenas consejeras del Camino; no me cansaré de repetirlo. En
el año 1999 disfrutamos bastante más que en esta ocasión
y sólo empleamos dos días más. Creo, sinceramente,
que merece la pena.
Bueno, pues nada; sintiéndolo
en el alma, seguimos nuestra ruta por carretera (la verdad es que
fue un día bastante desmoralizador, al menos en su primera
parte), hasta llegar a Portomarín.
La localidad originaria de Portomarín
se encuentra bajo las aguas del embalse de Belesar.
Lo que ahora vemos es el nuevo Portomarín, construido en 1960.
Lo único que se salvó de las aguas fue su
iglesia de San Nicolás, construida en el siglo XII.
Esta iglesia se desmontó piedra a piedra y se reedificó
en la plaza de la nueva localidad.
Poco después de salir de
Portomarín, abandonamos definitivamente la carretera. El trazado
peatonal es totalmente apto para bicicleta aunque llueva y lo seguiremos
hasta llegar a Melide.
El Camino está salpicado
por un buen número de aldeas pequeñas en las que el
olorcillo a vaca es tela marinera. Entre Ventas de Narón y
Ligonde se encuentra uno de los cruceros más interesantes de
la Ruta Jacobea: se trata del cruceiro de Lameiros
(ojo con no perdérselo; si vas rápido igual no te das
ni cuenta y pasas de largo). Data de 1670; los cuatro lados de la
base hacen referencia al calvario o a la muerte, mientras que en la
cruz se representa la maternidad, la vida.
Pronto entraremos en la provincia
de A Coruña y en Melide (localidad del pulpo a feira) nos espera
el descanso de esta penúltima jornada.