30.06.03.
Rabanal del Camino - Villafranca del Bierzo. Total
distancia recorrida: 70 kms.
Cuando nos vieron llegar al refugio de Villafranca
dijeron: esto es hacer el Camino. Y tanto; si casi no
se nos veía la cara del barro que llevábamos encima.
Lástima no disponer de documento gráfico para inmortalizar
el momento. Pero si encima le digo a José Mª que se espere
que le hago una foto, pues ... Lo primero que tuvimos que hacer antes
de entrar al refugio fue quitarnos todo el barro. Gracias a que en
un lateral del edificio había dos pilas de lavar y allí
estuvimos bajo la lluvia un buen rato. Cuando terminamos estábamos
tiesos como palos. Cogimos litera y en directo a la ducha. !!! HORROR
¡¡¡ !!! NO HAY AGUA CALIENTE ¡¡¡.
Mi reino por un chorrito de agua calentita !!!
Pues NO ¡¡¡ Nos duchamos mu rápido, mu rápido
y tendimos la ropa mojada como pudimos. Aquí quiero detenerme
un pelín. A pesar de que nuestras alforjas se decían
impermeables; a pesar de que llevábamos unos cubrealforjas
absolutamente impermeables que nos había confeccionado mi madre
a conciencia, se nos mojó el contenido de las mismas; es decir,
toda la ropa de recambio. Resulta que los cubrealforjas las rodean
bien, pero siempre queda una zona (donde se enganchan), que no queda
cubierta. Al girar, la rueda va salpicando agua a esa parte, llegando
a penetrar incluso en el interior del cubrealforjas, formando un pequeño
charquillo. Pues !! MORALEJA ¡¡. Antes
de meter todo en las alforjas, hay que introducir una bolsa de basura
bien fuerte que aisle todo el contenido de forma correcta (y
dentro de la bolsa de basura ya metes todo); si no haces esto y te
llueve, ten por seguro que se moja lo que lleves dentro.
Otra cosa, cuando terminamos de todas nuestras
tareas nos dispusimos a ir a comer (yo estaba absolutamente hipoglucémica;
había arramblado con todo lo que llevaba de reserva). Como
era domingo, no había ningún establecimiento abierto
para comprar comida e, irremediablemente, tendríamos que ir
a algún sitio a comer el menú del peregrino. Bien, pues
cuando dijimos de salir del refugio seguía lloviendo a cántaros
y porque nos prestaron un paraguas, ... (el refugio se encuentra bien
distanciado de lo que es el centro de la localidad) Pues tomad nota:
!! Hay que echar un paraguas lo más pequeñito que se
pueda ¡¡.
Pasamos una noche regular; la dependencia donde
dormíamos estaba abarrotada y cada uno de su padre y de su
madre (algunos franceses, ya mayores, hicieron gala de un comportamiento
más que reprobable). En cuanto a la limpieza del refugio, ni
siquiera me voy a referir a ella, ¿por qué será?
....
Al día siguiente nos despertamos y lo primero
que hicimos fue mirar al cielo; era nuestra mayor preocupación.
Hoy toca una etapa bien dura. No pudimos desayunar porque no teníamos
comida; habría que comprarla por el camino. Saliendo del refugio
comenzaba a llover y cuando dejábamos Villafranca ya llovía
a cántaros. La salida de Villafranca ha mejorado respecto a
la vez anterior. Ya no tienes que ir por la peligrosa N-VI, sino que
se ha habilitado un andadero por el que ruedas con seguridad.
Transcurridos unos 20 Kms, aproximadamente, tomamos
un desvío a la izquierda y nos dirigimos hacia Vega
de Valcarce y a partir de aquí comenzaremos el ascenso
hacia Piedrafita, no sin antes tomarnos
un abundante desayuno en un bar/supermercado. La lluvia no cesaba
y decidimos subir por la carreterita comarcal y no meternos en corredoiras
cuesta arriba, habida cuenta de las experiencias sufridas con anterioridad
(las corredoiras son caminos tradicionales
que sirven para mover el ganado hacia los pastos; barro + excrementos
de vaca gallega = colacao maravillao).
La carreterilla es preciosa, con magníficas
vistas al valle encarcelado (de ahí deriva Valcarce);
vas tranquilo porque no te encuentras prácticamente ningún
coche, aunque nunca se puede bajar la guardia.
Cuando llegamos al cruce de Piedrafita íbamos
superempapados. Yo notaba como al contacto con el sillín hacía
chof, chof,... Hay que seguir subiendo hasta O
Cebreiro, poblado de piedra y pallozas, considerado como el
pórtico de Galicia. De repente cesó la lluvia y se levanto
un vientazo (ariazo, que dirían algunos) que te tiraba; había
tramos que tenías que bajar de la bici porque ibas al suelo.
No veas el frío que llevábamos en el cuerpo.
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Llegamos al refugio del Cebreiro un poco antes
de las 13 horas y ni siquiera estaba abierto. Nos esperamos, junto
con otros peregrinos que estaban en la puerta y lo primero que preguntamos
cuando nos dejaron entrar es si había secadora: !!! SÍ
¡¡¡ Aparcamos las bicis y pasamos directamente a
la cocina, donde se encontraba la secadora; nos desnudamos al integrasss
(no sin antes cerrar la puerta) y metimos todo tal cual en el maravilloso
aparato. Salió la ropa calentita, sequita; nos vestimos, comimos
algo y seguimos camino. Media hora más tarde no nos serviría
para nada habernos secado hasta la ropa interior.
Tras O Cebreiro, volvemos a coger asfalto y ganamos
el Alto de San Roque (1270 m), en el
que nos encontramos con un gran monumento al peregrino. A la derecha
comienza un andadero que permite obviar el asfalto. No obstante y
debido al fuerte viento y a la amenaza de lluvia constante, decidimos
seguir por el asfalto para evitar problemas mayores.
Pronto alcanzamos el Alto
do Poio y pasado Fonfría,
iniciamos un constante descenso hacia Triacastela.
Tengo que decir que fue una auténtica lástima que el
intenso viento y la incesante lluvia no nos permitiera atrevernos
a seguir la senda peatonal. Todo fue asfalto, pero no nos podíamos
arriesgar. Si alguien pasa por aquí con buen tiempo (o por
lo menos no tan malo como el que nos acompañó a nosotros),
que no dude en abandonar la carretera.
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Ahora te toca una dura elección: Al llegar
a Triacastela se te plantean dos opciones; o te diriges a la derecha
hacia Sarriá por San Xil (unos
20 kms por pistas de tierra con ciertos tramos de asfalto con poco
o nulo tráfico) o bien, a la izquierda hacia Samos
(9 kms, aproximadamente, por asfalto con bastante tráfico).
A mí, personalmente, me es difícil elegir, ya que obviar
el monasterio benedictino de Samos, uno de los más antiguos
de España y símbolo de la cultura en Galicia, cuesta
un poco. Pero rechazar la ruta por San Xil, supone no rodar por un
tramo histórico de la Ruta Jacobea, a través de un solitario
valle plagado de aldeas perdidas y corredoiras entre lajas de pizarra
y carvallos (robles). En la elección te condicionará,
fundamentalmente la climatología y el punto en donde tengas
previsto el descanso de la etapa. También se puede hacer una
cosa: un año te vas por un sitio y al año siguiente
eliges la otra opción ¿OK?.
Bueno, pues nosotros lo tuvimos claro: la lluvia
torrencial y la necesidad de encontrar lo más pronto posible
un lugar a cubierto, nos dirigió en directo hacia Samos. A
mí no me ha llovido nunca en la bici con tanta intensidad como
en aquél momento. Más que bicicleta, creo que el mejor
medio de transporte hubiera sido una piragua. Se formaban como olas
en la carretera, todo ello aderezado con un viento racheado que ni
en las películas. Por fin llegamos a Samos sanos y salvos.
En el refugio (una gran sala del mismo monasterio), había bastante
sitio libre, lo cual nos permitió montarnos unos tendederos
entre las literas que se encontraban libres y así pudimos secar
la ropa que hacía ya dos días llevábamos mojada.
Otra moraleja: hay que ir provistos de unas cuerdecitas que, liaditas
en un ovillo, no ocupan nada de sitio y te sacan de un apuro.
Y por fin .... !!!! LA DUCHA
CALIENTE MÁS MARAVILLOSA DE TODO EL CAMINO ¡¡¡¡