29.06.03.
Rabanal del Camino - Villafranca del Bierzo. Total
distancia recorrida: 66 kms.
La historia de Rabanal del Camino está muy
ligada al desarrollo de las peregrinaciones. Se trata de una localidad
pequeña (no sé si llega a 60 habitantes), muy acogedora,
que invita al descanso. El refugio en el que dormimos también
es mu collejo y te encuentras realmente bien. Y digo el
refugio en el que dormimos, porque a pesar de ser un pueblo
tan pequeñito hay abiertos TRES REFUGIOS (un caso único).
En la parte alta del pueblo se encuentra la iglesia
románica de Nuestra Señora de la Asunción,
que, a pesar de su extraordinaria austeridad, me sigue causando una
gratísima impresión. Frente a esta iglesia se encuentra
el monasterio benedictino de San Salvador del Monte Irago.
A las siete de la tarde, en la iglesia de Santa
María, se celebra el Oficio de Vísperas, cantado en
latín, según la tradición gregoriana. A las nueve
y media de la noche, cuando ya termina la jornada, vuelve a celebrarse
otra oración (Oración de Completas), para expresar nuestro
agradecimiento por todo lo que Dios nos ha concedido en el día
de hoy y una vez que ésta finaliza, se imparte la hermosa Bendición
de Peregrinos.
En la etapa del día de hoy tendremos que
afrontar uno de los lugares más altos del Camino: el Puerto
del Monte Irago. La subida hasta Foncebadón
no es excesivamente complicada; nosotros subimos por la carretera
(gozando de maravillosas vistas de la meseta castellana que definitivamente
dejamos atrás), aunque un pequeño sendero permite evitarla
a tramos. Desde aquí falta muy poco para llegar a la
Cruz de Hierro (Cruz del Ferro). Es tradición depositar
en la Cruz de Hierro una piedra (yo aconsejaría que cada cuál
se lleve una piedrecita de su lugar de residencia una piedrecita,
no un pedazo marmolillo -); simboliza todo aquello de lo que te quieres
desprender en tu camino. Al comienzo del día, durante la Oración
de Laudes (7.30 de la mañana), se bendicen estas piedras.
|
|
 |
Situada a 1504 metros de altitud, la Cruz de Hierro
no es el lugar más alto de la etapa. Éste se alcanza
un poco después, donde se sitúan las antenas de telecomunicaciones.
A partir de este punto iniciamos una bajada pronunciada por carretera,
pasando por Manjarín (donde se
encuentra un peculiar refugio) y El Acebo,
localidad que da la bienvenida al Bierzo y en donde podemos encontrar
un pequeño monumento a un peregrino bicicletero fallecido en
accidente.
El trepidante descenso nos deja en Molinaseca y
a tiro de piedra, Ponferrada.
Cuando llegamos a Ponferrada, lo primero que hicimos
fue llegarnos al refugio de peregrinos. Resulta que en esta etapa
hacíamos de correo: en León nos pidieron que hiciéramos
el favor de llevar a Ponferrada la credencial de un peregrino que
la había dejado olvidada en el refugio. Pues así lo
hicimos. Esto nos dio oportunidad de ver el refugio tan estupendo
que se ha levantado en esta población. El anterior era una
auténtica cutrería y, en cambio, éste es un lujazo.
Nos lo enseñaron por dentro y está realmente fenomenal.
Cuando dejamos el refugio comenzó a llover
ligeramente; eso duró unos minutos; de pronto, teníamos
sobre nuestras cabezas una auténtica lluvia torrencial. Era
el preludio de una gran aventura que no nos abandonaría hasta
abrazar al Apóstol.
Recuerdo que era domingo; la incesante lluvia nos
llevó a refugiarnos en una cafetería de Ponferrada,
donde nos tomamos un buen vaso de café con leche hirviendo.
Pasaba el tiempo y la lluvia no iba a menos; tuvimos que tomar la
decisión de seguir sea como fuere. Nos costó trabajo
encontrar la salida para retomar el Camino. Al fin, nos vimos rodando
por campos de vides absolutamente embarrados; sin embargo y no sin
dificultades y con mucha precaución, pasamos (la lluvia no
cesaba). Llegamos a Cacabelos y, en principio,
pensamos quedarnos en el refugio, ya que íbamos como sopas;
pero nos dijeron que, debido a la lluvia, muchos peregrinos que tenían
intención de seguir no lo habían hecho, así que
como esperaban que más gente hiciera lo mismo, nos pedían
que si podíamos continuar a Villafranca que lo hiciéramos
(hay que recordar que los caminantes tienen preferencia sobre los
ciclistas). Pues nada, dicho y hecho.
|
|
 |
En dirección hacia Villafranca
del Bierzo (estamos a 7 km, aproximadamente), un paisano nos
aconsejó que no nos metiéramos por el Camino; que siguiéramos
por la carretera, ya que habría bastante barro. Bueno, pues
siguiendo mi intuición femenina nos metimos por el Camino.
Al principio la cosa no estaba tan mal; podías rodar más
o menos. Pero poco a poco la situación se iba poniendo más
y más fea, hasta que llegamos a un punto en el que nos encontramos
absolutamente clavados, ..., y ni p´alante ni p´atrás
(con barro hasta en el cielo de la boca). De repente, a mi amantísimo
esposo se le mudó el semblante, le salió la mala bestia
y se puso a decir que todo era por mi culpa, que siempre tiene que
hacer lo que yo digo, que nunca más, etc., etc., etc. Me puso
que ya no sabía si ponerme a rezar, a llorar o sencillamente
le arreaba un magnífico puñetazo. Finalmente opté
por lo primero y rogué encarecidamente a Dios que nos sacara
de aquél atolladero. Salimos como pudimos embarrados hasta
los ojos; trincamos el tramo de carretera que quedaba hasta Villafranca
y llegamos por fin al refugio, que estaba de gente hasta la bandera.
Como es de suponer, a partir de Ponferrada no hay fotos; si saco la
máquina la tengo que tirar. De hecho, la foto que incluyo del
castillo de Ponferrada con ese cielo tan despejadito y tan azul, pertenece
al año 1999, cuando hicimos el Camino por primera vez.
