20.06.03. Roncesvalles-Cizur Menor. 55
kms
Nos hubiera gustado salir desde Saint-Jean-Pied-de-Port
(pequeña localidad francesa en el corazón del Pirineo, separada de
Roncesvalles sólo 26 kms). Lo que ocurre
es que el transporte desde Roncesvalles a este pequeño pueblo es un
poco complicado y caro, ya que no puedes coger autobús y te tienes
que buscar taxi o algo similar. Alguna gente coge su bici desde Roncesvalles
y se va pedaleando a Saint-Jean y al día siguiente vuelve. Para nosotros
esto no podía ser ya que íbamos justillos de tiempo y eso te supone
disponer de 1 día más, ya que el recorrido es corto pero muy duro
(tienes que salvar un desnivel muy fuerte en pocos kms).
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En fin, que no tuvimos más remedio que salir de
Roncesvalles, tal como hicimos la vez anterior. El Refugio del Peregrino
de Roncesvalles, junto a la Colegiata, está genial. Duermes en cama,
no en litera. Hay agua caliente para ducharse sin problema. Todo muy
limpio y ordenado. Cuesta 5 euros por persona (sólo dormir). Nos encontrábamos
muy poquita gente y eso nos permitió tener una pequeña tertulia antes
de acostarnos. En esa tertulia, unos colegas que comenzaban el Camino
a pié, nos dieron a conocer la existencia de la toalla deportiva,
un invento genial del que hablaremos en otro momento. Para comer,
existe la posibilidad de ir a alguno de los mesones que hay cercanos,
donde se ofrece el llamado “menú del peregrino” (cuesta 6-7 euros,
prácticamente en todos los sitios); no obstante (y esto va a ser una
norma para nosotros durante todo el Camino), pasaremos de mesones
y restaurantes (al igual que pasamos de hoteles) y procuraremos valernos
por nuestros propios medios. Para la cena, ya habíamos comprado algo
de comida en Pamplona, mientras esperábamos la salida del bus para
Roncesvalles (ya hablaremos del importante tema de la comida). Nos
tocaba cenar bocadillo de jamón serrano, zumo de frutas y yogur. A
las ocho de la tarde se celebra la Eucaristía en la Colegiata; es
la Misa del Peregrino, donde recibimos
la bendición todos los peregrinos que comenzamos al día siguiente
a hacer el Camino (muy bonita y emotiva). A las 10 de la noche todo
el mundo tiene que estar durmiendo (apagan la luz obligatoriamente
y hay que guardar estricto silencio, ya que te tienes que levantar
muy temprano –entre 5 y 6 de la mañana). El refugio lo tienes que
haber abandonado entre 7.30 y 8 am. No obstante, esa noche teníamos
entre todos un poco de jolgorio. Sería por los nervios. Itinerario:
Procuramos seguir siempre el Camino y evitar en todo lo posible la
carretera (esto va a ser una norma constante). Sin embargo, hay tramos
que obligatoriamente los tienes que hacer por la carretera, ya que
son impracticables para la bicicleta (y menos aún con alforjas).
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Hasta llegar a Pamplona
tienes que salvar dos Altos: Alto de Mezkiritz
y el Alto de Erro. Parte del recorrido
se hace por una vereda bastante estrecha y con balate a un lado o
a otro. Realmente es difícil manejar la bici en algunos momentos,
por lo que te tienes que bajar de ella. Vas por sitios alucinantes:
frondosa vegetación y agua, mucha agua. Llegamos a Pamplona y no había
refugio donde pasar la noche, ya que el de la Iglesia de San Saturnino
no está preparado para admitir bicicletas (se sitúa en un tercer piso
y es muy pequeño, admitiendo sólo peregrinos a pié). Aún no se había
habilitado el segundo refugio, ya que comenzaba a funcionar a partir
del mes de julio. Por tanto, tuvimos que seguir camino hasta Cizur
Menor, rezando porque no hubiera problema de ocupación. Por
suerte, no tuvimos problema en encontrar plaza en el refugio privado
de Mª Ángeles Roncal (4 euros por dormir) (el público estaba cutrecillo,
según nos dijeron). Lo primero que haces cuando llegas al refugio
(y esto es válido para cualquier día), es lo siguiente: coger cama,
ducharse, lavar la ropa que has utilizado, tender, ir a comprar comida
para la cena de ese día y desayuno del día siguiente y, por fin, comer
en condiciones (mientras que vas pedaleando vas comiendo para mantenerte
–plátano, algo dulce-).
El desayuno ha de ser fuerte (1/2 litro de leche,
plátano y dulce en abundancia), ya que la comida del día la sueles
hacer hacia las 8 de la tarde. Incidencias: No hubo ninguna en particular,
salvo el lógico cansancio del primer día y un pequeño insecto que
se le metió a José Mª en el oído, hasta que el pobre bicho salió por
sus propias patas (no podíamos sacarlo ni a la de tres). El tiempo
fue muy bueno; incluso, excesivamente bueno ya que pasamos bastante
calor llegando ya a Cizur Menor (todos los días procuramos dejar de
pedalear no más tarde de las 5 pm).